Hay una línea invisible que nos conecta con nuestros objetos. De manera consciente o inconsciente, sabemos qué objetos tenemos, la relación que tenemos con ellos, las emociones que nos generan y el saber dónde están exactamente hacen que ese hilo conductor sea más claro y nuestra mente esté más calmada.
Si no sabemos dónde están nuestras llaves, por ejemplo, nuestra mente va a empezar a trabajar para recordar dónde las dejó por última vez. Si siempre las guardas en el mismo lugar, la conexión va a ser directa, piensas: las llaves, están en la cómoda de la entrada. Ya está, es una conexión directa y tu mente descansa.
Puedes estar en calma y destinar tu energía a pensar en otras cosas. Imagina si no sabes dónde tienes la mayoría de tus pertenencias y por cada una de ellas te tengas que preguntar dónde están: ¿el mando de la tele? ¿la agenda? ¿dónde dejé las gafas? ¡¡Es agotador!!
Es muy habitual acumular desorden en los recibidores, porque tendemos a dejar cualquier cosa que traemos de la calle a falta de buscarla un sitio en la entrada o bien porque tendemos a dejar cosas que algún día sacaremos de casa pero de momento, ahí quedan. Es una zona que a veces le falta una definición en su uso y cuando a un espacio le falta esa definición, va a ser muy proclive al desorden.
¿Dónde hay cúmulo de desorden?
- En trastos viejos que acumulamos pensando en arreglarlos, donarlos o tirarlos algún día.
- Al dejar basura o cajas con cosas para tirar o reciclar
- Depositando mochilas, carteras, bolsos amontonados
- Convirtiendo el recibidor en un aparcamiento para bicis, patinetes, patines…
- Llenándolo de papeles que traemos de la calle como entradas de cine, publicidad, cartas, regalos publicitarios, llaveros, …
Es muy importante que si tenemos una cómoda en el recibidor, no llenemos los cajones de un montón de cosas revueltas. Es muy habitual que terminemos teniendo un cajón desastre con pilas usadas, llaves revueltas, bolis, libretas, listas de la compra, recetas, calculadoras… ¿te suena?
Cada cosa tiene que tener su lugar y sobre todo, cuando tenemos cosas pequeñas, es más que necesario dividir el cajón en pequeños compartimentos o con pequeñas cajas para guardar objetos pequeños. Cada cosa tiene que tener su lugar.
Un poco de flexibilidad
Aunque queremos tender al orden y tener cada cosa en su sitio en la mayoría de los casos, somos humanos/as y ni todos los días ni todas las épocas de nuestra vida son iguales.
Habrá momentos en que te sientas con más motivación para ordenar tu casa y otros momentos en que bastante tienes con llegar al fin del día! Así que no te exijas más de la cuenta. No queremos obsesionarnos, buscamos que el orden y el Feng Shui sean una herramienta para ayudarnos estar mejor en nuestras casas y con nosotras mismas.
No siempre va a ser posible colocar algo en su sitio exacto porque tal vez ni siquiera nos ha dado tiempo a pensarlo. Nos regalan algo y tenemos que buscarle un sitio en la casa y no sabemos dónde lo vamos a colocar. O también tenemos pequeñas cosas sin determinar que no tienen todavía un sitio fijo. Por ello, podemos destinar un pequeño cajón o caja para guardar aquello pendiente de pensar dónde lo vamos a colocar o si nos lo vamos a quedar.
Lo importante es que sea un cajón pequeño y que lo revisemos al menos una vez cada quince días para colocar todas esas cosas. De lo que se trata es de que ese pequeño “desorden” no descontrole nuestra casa, no termine pululando por varias habitaciones de la casa generando varios focos de desorden. Nos permitimos un sitio muy concreto para ese desorden puntual y temporal y además tenemos la tranquilidad de que cuando no encontremos ese algo, recordemos que lo dejamos en ese cajón (así que hay cierto orden dentro de ese desorden).
