1. Ponte una fecha de inicio y de fin.
Es fundamental que agendes cuándo vas a empezar, qué tiempo le vas a destinar y cuando lo vas a finalizar. Si sólo dispones de tiempo los fines de semana, no pasa nada.
Puedes reservarte, por ejemplo, tres fines de semana seguidos en los que vas a priorizar este objetivo.
No se tarda lo mismo en hacer el vaciado de un piso pequeño que de una casa grande, ni tampoco es lo mismo una casa con una familia de cinco miembros que una pareja.
Sé realista con el tiempo que le puedes dedicar e intenta que haya un equilibrio entre no agobiarte porque te parezca demasiado para hacer en poco tiempo pero tampoco que te relajes tanto que te lleve meses hacerlo.
2. No te alargues demasiado en el tiempo.
Para que el vaciado surta efecto, es importante hacerlo en el menor tiempo posible que seas capaz dadas tus circunstancias.
Con esta técnica lo que se busca es que haya un impacto emocional para que notes el cambio, para que tu sistema nervioso esté abierto y poroso a la llegada de nuevas oportunidades y mejoras en tu vida.
Si lo prolongas demasiado en el tiempo, este choque que estamos buscando no va a suceder porque lo harás tan lento que te irás habituando tan despacio a los resultados que no apreciarás tanto los cambios.
Ahora bien, incluso aunque lo hagas en más tiempo, siempre siempre será mejor que no hacerlo.
¿Mi recomendación? Si lo puedes hacer en 15 días, mejor que en un mes. Si lo puedes hacer en un mes, mejor que en dos meses.
Cuanto menos tiempo, mejor, siempre que sea factible en tu vida y no suponga un conflicto en tu familia.
3. Decide qué harás con lo que te vas a deshacer.
Prepara previamente un kit con cajas y bolsas para lo que ya no vas a querer y:
- Decide dónde vas a donar lo que pueda servirle a otras personas
- Busca dónde vas a reciclar aquello que vayas a tirar
- Infórmate de los recursos que te puedan ayudar a deshacerte de otros objetos más grandes, como muebles, que tal vez necesites que te vengan a recoger algún servicio público de tu localidad.
4. Deshazte lo antes posible de las cosas una vez lo hayas decidido.
Lo que decidas donar, reciclar o tirar, es importante que le des salida lo antes posible.
No acumules en casa las cajas pendientes de deshacerte de ellas durante más de unos días. Tiene que ser lo más rápido posible, por eso, lo hemos planificado previamente en el punto anterior.
Si dejas tu cúmulo de cajas en casa sin terminar la tarea, es como si no hubieras hecho nada, porque esos objetos siguen ahí y lo que es peor, ahora están todos juntos acumulando más desorden, lo que genera un mayor malestar y la sensación de tener más tareas pendientes que hacer.
Es decir, más estrés, más ansiedad, más agobio. ¿Y no queremos eso, verdad?
5. No hagas trampas. No dejes las cosas en el trastero.
Lo que hemos decidido desechar es porque ya no lo queremos en nuestra vida. Guardarlo en el trastero es como si barriéramos y dejáramos la suciedad debajo de la alfombra.
6. Sigue un orden.
Hay diferentes tipos de orden que puedes seguir. Ninguno es mejor ni peor, depende de cada persona. Puedes hacerlo:
A- Por tipos de objetos.
Es decir, por modalidades.
Por ejemplo. Ropa: Cogerías toda la ropa que tengas en casa y haces la selección con toda ella. Después, la ropa de hogar, por ejemplo. Luego, libros. Y así todo, por categorías de objetos.
B- Por habitaciones.
Independientemente del tipo de objeto, entras en una habitación y haces el repaso de toda ella hasta que la termines. Después, la siguiente, y así hasta terminar toda la casa.
Aunque mucha gente recomienda hacerlo por categorías y el famoso método de Marie Kondo sea así, en mi experiencia ayudando a otras personas, me he encontrado con que a muchas las resulta más fácil hacerlo por habitaciones, además de que sentían una sensación mayor de avance, de haber acabado algo.
También puedes hacer un mix y parte de tu casa hacerlo por habitaciones y otra parte, por categorías. Recuerda que no hay una mejor opción, lo importante es que te funcione a ti.
7. Atrévete. Sé valiente.
Enfrentarte a cada objeto será un reto para ti.
De algunos apenas te costará deshacerte e incluso te dará una sensación de subidón tremenda, pero otros, te van a suponer enfrentarte a emociones dolorosas.
Pero ahí está la verdadera transformación, en enfrentarte a tus objetos, a por qué están en tu vida y a hacerte las preguntas adecuadas:
¿Realmente esto refleja la vida que quiero tener, la persona que ahora soy o que quiero llegar a ser?
Sincerarse con uno mismo en este momento es clave y sin duda, si das este paso, va a sentir una liberación enorme.
8. Date descansos entre medias.
Comienza por algo que te resulte fácil de deshacerte, para que vayas calentando motores y deja lo que más te cueste para el final, como por ejemplo, objetos sentimentales.
Tómate descansos entre medias. El vaciado puede ser agotador física y psicológicamente.
Te recomiendo que si un día te has removido mucho, te tomes el siguiente día de descanso o que alternes tipos de objetos que te cuestan mucho con otra tanda que te resulte fácil.
9. Un último consejo.
Disfruta en la medida de lo posible del proceso. Hacer el vaciado es un reto pero los beneficios que te esperan detrás, son innumerables.
Puede que sientas cansancio, ganas de llorar, ansiedad, dolor de estómago... nuestro organismo se remueve porque estás movilizando muchas cosas de tu vida que a lo mejor hasta ahora no habías tocado. Es normal.
Así que paciencia contigo mismo/a, paso a paso y después, celébralo.
Incluso si no lo consigues hacer en el tiempo que habías considerado, ya es un logro. Sigue. No te rindas. Porque la liberación que sentirás después, es enorme.
Piensa que estás liberando espacio para hacer hueco a todo lo bueno que está por llegar en tu vida. ¡A por ello!


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